
Le pedí a mi amigo rata si no me lo bajaba de interné.
El tipo que es bastante inutil y bastante hijo de puta, me lo bajó al toque y me lo copié en el reproductor mp3 Kiland que tengo (de vanguardia) antes de salir del laburo.
Llegué a mi casa, estuve dialogando de las cosas de la vida con mi hija (diálogo que se limita a sies palabras: mamá, papá, iaia, agua, acá y caca) y realicé mis tareas domésticas correspondientes a los días miércoles. Entre ellas comprar víveres.
Tenía esa frutilla en el reproductor, ese postre, esperando que algún pulgar pulsara el botón de play.
Era un momento importante. Nuevo disco de Mudhoney, la GRAN banda. Los dueños del rock. Aquellos que nunca esperé ver en vivo, pero que vi 2 veces en medio de una multitud que no los conocía, mientras el frenesí de la música hacía que fuese inevitable headbangerear junto a 5 o 6 peludos con los que habíamos conquistado un lugar adelante del todo en la cancha de Ferrocarril Oeste.
No time like he present
To get ripped apart
Got this burning desire
Aiming straight for your heart
Suck you dry
Suck you dry
Can't breath until
I suck you dry
Y bien bajás a la calle, prendés un cigarro y marchás con un par de envases en una bolsa para mandados.
De repente estás metiendo papas en plástico y una sonrisa se dibuja en tu rostro, porque por tus orejas está entrando una bola sónica sobre la que sobresale la voz de Mark Arm con una frase que dice "The lucky ones have already gone down. The lucky ones are lucky they're not around", mientras vez góndolas llenas de bolsas de leche, yogur y comida congelada.
Ese tipo de emociones son las que te conectan con la esencia.
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